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domingo, 6 de agosto de 2017

Investigando y publicando la guerra



Detallado y extenso. Una investigación sobre los devastadores efectos que tuvo la Guerra da Restauraçao a lo largo de la frontera luso-castellana, comenzando en tierras leonesas y mirobrigenses para terminar en la raya onubense.
Ciudad Rodrigo, Almeida, Penhamacor, Alcántara, Campo Maior, Mérida, Elvas, Badajoz, Olivenza, Moura, Encinasola...., y un sinfín de localidades protagonistas, tanto a un lado como a otro de la franja divisoria.
Abundantes noticias inéditas que nos hablan de multitud de aspectos, Desde el carácter político y diplomático, hasta los elementos más característicos de todo conflicto bélico.
Fortificación, reclutamiento, financiación, armas, logistica, espionaje, alimentación, sanidad, relaciones sociales, milicia, jerarquia militar.....
Y, por supuesto, escaramuzas, saqueos, cabalgadas de pillaje. Mucha, mucha acción.


De próxima publicación






domingo, 3 de julio de 2016

Velando armas

<<...Año de 1641. Rebelado Portugal por los fines del año antecedente, se imbiaron luego diferentes personajes a la frontª, como en tiempo de Felipe 2º, pª q cada uno en su distrito armase la gente necesª, fortificase los pvestos mas a proposito, y dispusiese todo lo demas que se reqeria para la offensa y defensa. Señalose a cada Gral un ministro togado, q con tlº de superintendente de la Justª. le asistiese en el manejo, y exon de lo que tocaba a su profesion. El Conde de Oñate y Vª Mediana fue el prº q en esta forma baxo a Estremª, hizo su asiento en Albuquerqe, y era su distrito desde aquella plaça hasta Sierra de Gata. Asistiole d. Jª de santiliçes, entonçes del Consº de Yndias ....>>.

   Pocas palabras pueden añadirse al párrafo anterior, pues bien resume el modo en que se estableció la defensa de la franja fronteriza con Portugal, que actualmente se corresponde con el occidente de la provincia de Cáceres.
   El cuartel principal de mando de esa demarcación se ubicó en la villa de Alburquerque; pero era un distrito demasiado amplio para disponer de tan sólo un eje aglutinador. Así, compartió titularidad con la plaza de Alcántara, desde dónde se controlaban con mayor precisión las poblaciones situadas al norte del río Tajo, en tanto que las del sur dependían directamente de la sede alburqueña.
   Y en Alburquerque, tal como nos lo recuerda el texto, afincó aquel que fue designado para dirigir todo el distrito: don Iñigo Vélez de Guevara y Tasis, conde de Oñate y Villamediana.
   Prosiguen después dichas líneas diciendo que el gobernador político-militar conto con la ayuda de un eficiente funcionario, Juan de Santilices. Cierto. Entre ambos se dedicaron, casi toda la anualidad de 1641, a coordinar las tareas de defensa de un territorio que, por entonces, presentaba graves carencias para afrontar una incipiente guerra contra la vecina nación portuguesa.
   Mucho trabajo tenían por delante Oñate y Santilices. No debían demorarse, y nada más hacer asiento de sus respectivos cargos, trazaron planes. Lo primero, conocer el estado real de la situación para, con los datos correctos, analizarlos y comenzar a planificar lo que era necesario al objeto de fortalecer tan vasta extensión fronteriza.
   Recorrieron todas la poblaciones que quedaban bajo su responsabilidad; se entrevistaron con todos aquellos personajes que podían ofrecer colaboración; emitieron órdenes para reclutar hombres hábiles para el manejo de las armas; requisaron, compraron, y repartieron todo tipo de pertrechos y otros utensilios bélicos; se recolectó lo mejor de los campos y huertas de siembra para llenar los almacenes de avituallamiento; se mejoraron los sistemas defensivos de muchos pueblos, bien reconstruyendo lo existente o haciendo nuevos baluartes y fortines..., etcetcetc. Una tarea dantesca.
   De todo ello queda hoy abundante testimonio. Por un lado un numeroso grupo de documentos; de otro, los propios restos de aquellos edificios que, en su tiempo, sirvieron para guarnecer a los habitantes del distrito rayano. Y también lo que, como un tesoro, conserva la memoria popular.
   Tomando notas de esos papeles, piedra y acervo cultural, sabemos, por ejemplo, cual era la naturaleza de plazas tan importantes como las referidas Alburquerque y Alcántara, de quienes dependía gran parte de la seguridad del resto de las comarcas que encabezaban.
   En esta última, con un castillo prácticamente derruido, la posición fuerte de sus vecinos era el famoso puente levando sobre el Tajo. Obra, entre otros curiosos aspectos, de enorme longitud <<...donde una posta tiro con una escopeta y vala rasa de un lado a otro a un blanco y alcanzo la vala...>>. Pero, sin embargo, la guarnición militar era escasa, y apenas dueña de armas para todos sus integrantes. Un primer punto a corregir.
   Alburquerque mejoraba las expectativas, siendo población de gente <<...velicossa y inquieta, enseñada ahazer grandes exçessos...>>, lo que, sí en parte beneficiaba en pro del espíritu guerrero, en parte perjudicaba: vigilar a los díscolos e indisciplinados era misión complicada. La fortificación alburquense ofrecía un aspecto más saludable, con muralla entera, asomada a un despeñadero casí insalvable para frenar ataques de hipotéticos enemigos.
   Los informes continuan hablando: Valencia de Alcántara, que trabajaba en su línea de murallas para cerrar parte del caserio, hasta entonces indefenso en el extrarradio; Brozas, lugar grande, pero abierto, con un palacete no muy seguro; Trujillo, bien fundada y protegida; Cáceres, cuyo ayuntamiento había acordado levantar algunas torres de vigilancia en derredor de la ciudad; La Codosera, pequeña aldea en la misma frontera con los rebeldes lusos, necesitada de soldados que cubriesen su flanco; Azagala y Piedrabuena, castillos medievales acondicionados ahora para la guerra que estaba comenzando; villa de La Zarza, bastión indispensable para la defensa de Coria y Sierra de Gata...., y así una amplia nómina de localidades, cada una con sus características, positivas y negativas, valorándose la forma de aprovecharlas de la mejor manera en bien común.
   De enero a junio de 1641 fueron pasando los días y los meses. Llegado el caluroso verano, comenzaron las hostilidades. Pequeños devaneos, escaramuzas de mínima consideración, pero que sí fueron poniendo a prueba los recursos defensivos que hasta ese momento Oñate y Santilices habían organizado.
   Al otro lado, Alvaro de Abranches e Cámara dirigía los asuntos defensivos de la provincia de Beira. Como hicieron los castellanos, también en Portugal designaron dos puntos de interés: Almeida y Penhamacor. Con mayor responsabilidad la primera, aunque el tiempo obligó a compartir su lugar de vanguardia con la segunda.
   Reclutas, acopio de material militar, recomposición de fortificaciones, fueron tareas similares en uno u otro lado de la frontera. Y los Informes vuelven a recordárnoslo.
   Pronto iremos desgranando, folio a folio, ese rico archivo documental que guarda celosa la raya beirense-cacereña. Mientras tanto, cuales soldados de primera línea, oteamos el horizonte y, con los cinco sentidos en alerta, quedamos velando armas.

domingo, 1 de mayo de 2016

1644. In memoriam


           Aquel 18 de mayo del 1644, fue miércoles. Tiempos de guerra fatal para la memoria. La <<Restauraçao>> lusitana caminaba ya por su cuarto año, y en muchos lugares y pueblos de la raya divisoria se vislumbraban síntomas de cansancio entre sus habitantes, ante el rigor de una vida en continuo estado de alarma.

            Por términos de la fronteriza Zarza la Mayor, aquellas cuatro anualiadades habían sembrado odio y miedo. Y ahora comenzaban a ofrecer el amargo fruto de la venganza.
 
            El sol salió, como era costumbre, apretando sobre los campos zarceños, que sólo un día antes se habían teñido de rojo, bañados con la sangre de buen número de vecinos, caídos mortalmente tras sostener brutal combate mientras trataban de defenderse de un sorpresivo ataque portugués.

            Tan singular pelea se había iniciado al alba, y únicamente vino a termino con las postreras luces del atardecer.

            Los de la Zarza, gente valiente y esforzada, no se doblegaron al ímpetu acosador de los enemigos. Uniendo voluntades, lograron expulsar de la plaza al rival. Fue una jornada épica, cuyo relato, con el paso del tiempo, se tornaría en leyenda.

            Celebrando la dulce victoria, aplaudiendo a los héroes locales: Garrido, De Sande, Aguilar, López Dorado, y tantos otros, vivían los zarceños aquel mediodía, según glosaba el cantar <<... Que por mayo era, por mayo, cuando hace la calor, cuando los trigos encañan y están los campos en flor... >>.

            La Plaza Mayor era un hervidero de alegrías, dónde cánticos, salves, y vivas se mezclaban con orgullo patrio local. Se contaban mil historias. Todos tenían algo que decir sobre lo ocurrido apenas veinticuatro horas antes.

            Como es sabido que el contento dura poco en casa del pobre, tan animado en su suerte andaba el paisanaje que, dados al bullicioso placer, perdieron la lógica en un instante.

            Bastó un sonido lejano, cuyo eco resonó atronador en el pueblo. Y de inmediato el caos. No hubo preguntas, solamente confusión, desorden y mucho, mucho temor.

            Las prisas se hicieron dueñas del escenario. Cada cual tomo el camino de su propia salvación.

            Aún así, en pleno desconcierto, todos confluían en un mismo lugar: la torre de la iglesia, el fortín irreductible. Allí seguro que estarían a salvo.

            Pero, hete aquí, que, cuándo más de media Zarza se recogía al interior del magnífico bastión, un leve chispazo, salido de quién sabe dónde, fue a detenerse junto a un rincón en el que se apilaban buena parte de los pertrechos militares. Nada menos que veinticinco arrobas de gruesa pólvora.

            Sin tiempo para reaccionar, aquello explotó como un gigantesco castillo de fuegos artificiales.

            ¡¡ Qué imagen tan cruel y sanguinolenta !! La clara luz del sol se tornó en oscuras tinieblas.

            Abatida desde su sólida base, la colosal torre se desplomó con suma facilidad en un abrir y cerrar de ojos, llevándose consigo a todos los zarceños que guarnecía en su panza. Niños, mujeres, ancianos los más. Las lenguas dijeron después, al contabilizar los muertos, que sobrepasaban las 350 personas.

            La misma plaza, dónde antes manaban risas y bailes, ahora se inundaba de lágrimas, cuitos y ayes. Un verdadero desastre.
 
            Sí. Aquel nefasto 18 de mayo fue miércoles. Y su huella aún perdura, imborrable, en la memoria histórica zarceña.

IMAGEN: restos de la desaparecida torre de la iglesia parroquial zarceña, que también servía de atalaya-vigía y almacén militar.
 

sábado, 20 de junio de 2015

Salvaterra do Extremo, el objetivo deseado



<<..esta situada sobre [...] frontera de lazarça de Alcantara [...] començada afortificar a lo moderno [...] cuure el campo quellaman de las Erañas, granero de Portugal, conque sera daño consideraule para los portvgveses si lapierden...>>

Con las anteriores palabras era descrita, a finales del año 1646, la villa de Salvaterra do Extremo, según el parecer del conde de Fuensaldaña, por entonces máxima autoridad del Real Ejército de Extremadura.

Plaza fuerte portuguesa, con <<... o castelo, que está fundado sóbre o rio Elges, em um penhasco por dois lados inacessivel...>>

Llave de gran parte de la provincia de Beira. Cuartel para grueso número de tropas, que desde aquí entraban en tierra extremeña al intento de realizar escaramuzas.

Motivo por el cual, no cabe duda, siempre fue un objetivo militar muy deseado. Destruir aquel <<...nido de reueldes...>>, un plan varias veces diseñado y nunca puesto en práctica.

Ahora sí. Llegó don Alonso Pérez de Vivero y los deseos se convirtieron en realidad.

Francisco de Mascarenhas, conde de Serem, lider de la defensa lusitana beirense, un buen día del mes de octubre de citado año, comunicaba, por vía de urgencia <<...haver o inimigo escalado ao luguar, mas intentar o sitio ao castello...>>

Se había producido el esperadísimo ataque de los castellanos; y la villa de Salvaterra, tomada y saqueda; pero el fortín roquero aún se mantenía libre porque <<...a bataria do inimigo nao poder ser de grossa artilharia [...] e con ella deste genero, inda que incomode os parapeitos nunqua poderá fazer ruina que occasione brecha...>>

Durante cuatro jornadas de intensa lucha, se defendieron con valor los salvaterranos. Junto a ellos, un puñado de soldados procedentes de pueblos comarcanos, y algunos otros que tuvieron la suerte de llegar a tiempo desde Elvas.

Fuera de las murallas, varios cientos de hombres, militares y civiles, bajo la atenta mirada de cabos y oficiales, queriendo penetrar en el recinto fortificado, que se alzaba en la cima de la montaña.

Ni petardos, ni bombas, ni mantas incendiarias, ni ningún otro pertrecho de guerra. Nada pudo abrir la férrea puerta del castillo y sus muros defensivos.

Volvía a informar Serem <<...o inimigo tanto que soube que o socorro era cheguado procurou abreviar e reduzir as escalas, e procurou escapar, e he certo que foi grande perda de gente...>>

Los mismos que atacaron, fueron muy críticos con el desenlace de su intentona <<...pareció más açertado no esperar alli el socorro q ajvstauam los reueldes, y asi se retiró poniendo fuego a la Vª, no sin murmuración aun delos mismos soldados, que todos jvzgaban la empresa por concluida con dos dias mas de asiftençia.....>>.
 
Una vez más los deseos no fraguaron, y Salvaterra do Extremo pudo respirar aliviada.

Mantenía intacto su poder. Seguía siendo la vanguardia de aquella parte de la frontera. Pero quedaba mucho aún para cantar victoria. Veintidos años de lucha por delante. El destino guardaba, celoso, nuevas sorpresas. 
 
En la imagen: panorámica aérea de Salvaterra do Extremo, y diseño de la villa y su castillo en el siglo XVII.
 
 

domingo, 14 de junio de 2015

Caracena y las fortificaciones de frontera


Luis de Benavides Carrillo de Toledo, III marqués de Caracena.

Inició su vida activa de armas en Italia, y tras una larga carrera militar, cargada de éxitos y  experiencia, ya en el año 1665, fue nombrado Capitán General del ejército y Gobernador de la Provincia de Extremadura, sustituyendo a John Gaspar Ferdinand de Marchin.

Por entonces discurría la fase final de la Guerra da Restauraçao (1640-1668)

Durante su mandato, apenas recién llegado a su destino, Caracena fue derrotado por las tropas portuguesas, el 17 de junio de 1665, en la batalla de Vila Viçosa, también conocida con el nombre de Montes Claros.

El ejército extremeño quedo bastante maltrecho <<...duró el combate mas de seis horas, pero al cauo fue menester çeder ala fuerça con q fuymos rotos, pero no ostante se a saluado algvna gente...>>

Con aquella derrota, la defensa de la frontera sufrió gran deterioro. Había mucha necesidad, y los medios disponibles para mejorar el estado de la milicia eran, en ese tiempo, bastante escasos.

Urgía actuar con presteza, así que Luis de Benavides decidió hacer un reconocimiento de todas las fortificaciones y plazas fuertes, teniendo así una panorámica de la situación real para, con los datos en la mano, solicitar ayuda a la corona y poder afrontar la inminente campaña militar de otoño con garantías de éxito.

Remarcando tal objetivo, a mediados del mes de septiembre de citado año de 1665, viajo hacia la frontera del norte extremeño <<...fui a reconocerla hasta cerca de Sierra de Gata, queson las montañas que la diuiden de Castilla...>>

El resultado de su visita se reflejó en un extenso Memorial, documento de gran valor por los datos que aporta, gracias a los cuales (según se pretendía) nos es posible conocer hoy el estado en que se hallaban las principales villas de la frontera altoextremeña en aquella postrera etapa de la guerra.

Rescatamos aquí algunos de sus párrafos.

ALCANTARA <<...la juzgaua estar en muy mal estado, la he hallado en mucho peor de el que himaginaua [...] la maior parte de la muralla no tiene terraplen ni esaprueua...>>

ZARZA LA MAYOR <<...es cosa lastimossa comola han dejado...>> se refiere Caracena al saqueo e incendio que los portugueses sometieron la villa zarceña dos meses antes de que la visitara el marqués. Después de ese ataque, el lugar quedo abandonado. Por eso las palabras desalentadoras.

MORALEJA  esta plaza no estaba fortificada, y Caracena decide convertirla en llave de seguridad de la comarca, por lo cual <<...juzgo por muy necessario fortificar el dicho pvesto de la Moraleja quees muy capaz para poder haçer enel todo lo que se quisiere, y como puesto de tanta importancia combiene fortificarle entoda buena forma...>>

VALVERDE DEL FRESNO <<...es vn puesto muy importante y que se halla razonablemente fortificado, y quesin artilleria grvessa nola tomara el enemigo...>>

CORIA <<...esta çivdad seria muy bueno fortificar pero esta mui adentro, y assi no cubre tanto Pais como combiniera...>>

CILLEROS <<...noes capaz de fortificarle por las Eminençias que tiene, pero el lugar es çerrado y combiene tener en el guarniçion para la seguridad de la Sierra...>>

En la imagen : retrato del marqués de Caracena., y página de inicio del Memorial, o, Descripcion de la visita a las plazas fuertes de la provincia de Estremadura
















 

domingo, 7 de junio de 2015

Badajoz, plaza de armas

El 1 de diciembre de 1640 tenía lugar en Lisboa el comienzo de lo que, posteriormente, ha pasado a la historia con el nombre de Guerra de la Restauraçao, también conocida como Secesión o Independencia.
Un conflicto bélico con el que Portugal logro desligarse de la corona de los Austrias, a la cual llevaba unido desde el año 1580, cuando el todopoderoso Felipe II unificó los dos reinos peninsulares bajo su mando.
Durante veintiocho largos años (1640-1668) la frontera entre ambos litigantes se convirtió en un amplio campo de batalla, si bien el grueso de los acontecimientos tuvo como escenario principal la zona correspondiente con la actual Extremadura.
Haciéndonos ahora eco de las primeras consecuencias de la rebelión lisboeta, decir que las noticias llegaron enseguida a la corte madrileña.
Allí, el monarca español, Felipe IV, aconsejado por los miembros de la Junta de Guerra, fue aprobando medidas que trataban de asegurar la defensa frente a posibles ataques enemigos. Por ejemplo la fortificación de las ciudades y villas más próximas a la frontera.
Badajoz se convirtió en el núcleo del sistema defensivo. Fue el cuartel general del ejército y, por lo tanto, sede de quien resultó designado su máximo responsable, don Iñigo Manrique de Lara, conde de Frigiliana.
Apenas tardó en informar al rey.
Día tras día, escribía cartas detallando las prevenciones que se iban organizando en la capital pacense y resto de puestos fronterizos. Igualmente, daba cuenta de los Avisos que se tenían sobre el contrario portugués.
Una de aquellas misivas, la del 25 enero de 1641, relataba las obras de mejora realizadas en Badajoz
 
<<...la çircumbalaçion desta çiudad es muy grande; las murallas estan muy mal paradas, banse reparando lo mejor que se pvede. Anse terraplenado todas las Puertas reseruando çinco, las dos en el castillo, vna que sale a la Plaça y otra al rio, y tres en la çerca para el seruiçio delos veçinos. A las cuatro hultimas se anhecho puertas...>>
 
Otra de las medidas aprobadas y que se pusieron en práctica: el control de la Raya.
Importaba mucho cerrar la frontera, tratando de evitar el trasiego de personas de un lado a otro. Como cabía esperar, se vigiló de forma especial a aquellos individuos de nación portuguesa, normalmente personas relacionadas con actividades de comercio. Leamos lo que Frigiliana decía, durante la festividad de Reyes, acerca de este asunto
 
<<...teniendo auiso que por algunas beredas cerca de la villa del Montixo se entraua en Portugal, ydel en Castilla, ynvie una tropa de cauallos que por aquellos sitios batiessen las estradas. Toparon ocho machos cargados de pescado quelos traian tres portugveses del reyno de Portugal aeste de Castilla. Quedan emvargados...>>
 
Conocer cómo se preparaba el rival era otro factor indispensable para planificar la defensa propia. y entre aquella voluminosa documentación epistolar, no faltaron las crónicas y datos que determinadas personas, los espías, ofrecían a las autoridades militares.
Baste, como ejemplo, la extensa Relacion de lo que me enteré en Portugal desde 25 de diciembre hasta nueve de enero de 1641.
Rescatamos uno de sus párrafos
 
<<...La Villa de Olivª [se refiere a Olivenza] dista solo vna legua desta y es de la maiores e mas prinçipales uillas de Portugal. Se inquieto e pusso en arma. Y los hombres gritauam -Viva el Rey Joao- con grande alboroto y locura...>>
 
Pero no todos los lusos eran partidarios de la rebelión. Intereses personales que obligaban a actuar de manera diferente.
Al respecto, terminamos este capítulo con las palabras de nuestro Frigiliana. Quizás, en un futuro no lejano, aquellos fieles súbditos pudieran ofrecer servicio valioso a la corona castellana. Era necesario cuidar su amistad
 
<<...ay muchos afectos al serviçio de V.M. Ase mandado que alos que lo fueren se amparen y faborezcan, ye dispuesto seles haga todo bven pasage y no ofendan...>>
 
Con todo, palabras y palabras. Quedaban por delante veintiocho largos años para comprobar la validez y eficacia de tales argumentos y prevenciones.

En la imagen: plano de la ciudad de Badajoz, año 1645. Ofrece el aspecto de la urbe y su sistema de fortificación y defensa. Se conserva en el Archivo militar de Estocolmo. Fue publicado en 2003, con el título << Badajoz en el Krigsarkivet. El hallazgo de la visión más lejana >> por Carlos Sánchez Rubio y Rocío Sánchez Rubio.